Cuando Van Gogh pintó su cuadro Campo de flores cerca de Arlés tenía 35 años. Corría el año 1888 y, pese a la gran producción de su obra y a sus contactos con otros pintores contemporáneos relacionados con la corriente impresionista, Van Gogh seguía siendo un gran desconocido para el gran público.  Cansado y un poco desanimado del ambiente de París, decidió abandonar la ciudad de la luz para instalarse en Arles, una ciudad de la costa francesa cercana a Montpellier.

Ocurre que lo que aprendí en París lo estoy olvidando y que regreso a lo que adquirí en el campo antes de conocer a los impresionistas. Y no debo sorprenderme de que los impresionistas descubran bien pronto el error de mi trabajo, ya que éste ha sido fertilizado por las ideas de Delacroix antes que por las suyas. En vez de intentar reproducir exactamente lo que tengo delante de mis ojos, me sirvo del color de modo más arbitrario para expresarme con vigor. Carta a su hermano Théo. Arles, agosto de 1888.

 

Vincent había nacido en 1853 en Zundert, una localidad holandesa cercana a  la frontera belga. Después de distintos trabajos relacionados con el comercio del arte, tanto en Londres como en París, de los que fue despedido por insubordinación, decidió probar suerte en el mismo oficio de su padre:  pastor protestante. Aunque su fe era inquebrantable, no logró pasar la selección de personal del clero porque carecía de estudios suficientes y le faltaba un carácter más amable y dispuesto a obedecer. Sin embargo, tal fue su empeño que, finalmente, en 1879 consiguió destino como misionero en una depauperada zona minera de la frontera belga-holandesa. En los escasos dos años que pasó allí perdió la ilusión y el escaso dinero que manejaba, ya que lo ofrecía a cualquiera que lo necesitara.

El final de esta etapa marcó un punto de inflexión, sobre todo en su evolución como artista. Aunque de manera autodidacta nunca había dejado de dibujar, pintar y aprender técnicas, es a partir de 1880 cuando decide dedicar su vida al arte. En esta decisión recibió, como siempre lo había hecho y siempre lo haría, el apoyo de su hermano Théo.

Los comedores de patatas (1885), V. Van Gogh.

De esta época es una de las obras que podemos considerar como incipiente representación de su estilo. Se titula Los comedores de patatas (1885) y nos muestra, con toda la fuerza expresiva de su pincelada,  la mísera vida de los campesinos: sin adorno, idealización, sin apenas color, ni efectos atractivos.

La semilla de la genuina manera de pintar de Van Gogh ya estaba ahí, con una pincelada suelta, plena de movimiento, una expresión inquieta y dramática. Nuestro holandés ya tenía lo que otros pintores nunca llegan a conseguir: un estilo propio, pero aún habría que añadir el ingrediente definitivo:  color. Y esto finalmente ocurrió  cuando se trasladó a Arles. Allí descubrió la luz del Mediterráneo y una naturaleza deslumbrante, llena de color, que inmediatamente comenzó a plasmar en sus lienzos.

En este momento estoy absorto en los frutales en flor, melocotoneros rosados, perales blanco-amarillos. Mi pincelada no tiene sistema alguno. Toco la tela con aplicaciones irregulares del pincel, que dejo tal como salen. Manchas espesas por aquí; espacios sin cubrir por allá; partes dejadas por completo sin acabar; repeticiones; brutalidades. Carta de Vincent a Émile Bernard. Arlés, abril de 1888.

En realidad, la intención de Van Gogh era instalarse en  la Provenza y fundar, inicialmente con Gauguin,

una comunidad de artistas. Así se  lo contaba Gauguin a su colega Émile Bernard:

Estoy en Arlés muy desambientado, porque lo encuentro todo pequeño y mezquino: el paisaje y la gente. Vincent y yo no estamos en general muy de acuerdo, sobre todo en pintura. Carta a Émile Bernard. Arlés, noviembre de 1888.

Esta naturaleza es la que encontró Van Gogh en Arles.

Ambos artistas, Paul Gauguin y Vincent Van Gogh, convivieron en Arles entre octubre y diciembre de 1888 pero de nuevo, la vehemencia y la inflexibilidad de Vincent darían al traste con el proyecto. El 23 de diciembre Paul abandonaba Arles y parece ser que este hecho provocó uno de los episodios más conocidos de la vida del artista que nos ocupa, la automutilación de su oreja.

 

Pero sigamos el paseo por Campo de flores cerca de Arles. Este lienzo, que podemos admirar en el Museo Van Gogh de Amsterdam, abre el plano general de la composición con una fuerte diagonal ascendente, violeta, llena de lirios, que complementa al amarillo del campo de cereal:

 

… la naturaleza es aquí tan extraordinariamente hermosa. En todo y por todo, la bóveda del cielo es de un azul maravilloso, y el sol luce con brillo de azufre pálido, y es tan delicado y tan hermoso como la combinación de los azules celestes y los amarillos de Van der Meer o Delft. No soy capaz de pintarlo tan hermoso como es, pero me absorbe tanto que me dejo llevar, sin pensar en norma alguna. Carta de Vincent a Théo. Arles, septiembre de 1888.

Y llegamos al final, porque nuestro artista sólo viviría dos años más, hasta 1890, cuando puso fin a su vida.  Tenía 37 años y apenas había vendido alguna de sus obras, pero la historia le deparaba un reconocimiento unánime al artista genuino que fue, capaz de transgredir las normas académicas y de marcar caminos que otros seguirían.