Casi antes de que podamos ver ninguna otra flor en el campo, la primavera se anuncia con la floración de los almendros. Esta humilde flor de un blanco rosáceo, de las primeras que vemos cuando ya va avanzando el año, es la que Van Gogh eligió para realizar una de sus obras más alegres, “Almendro en flor”.

Van Gogh se inspiró en la estética del grabado japonés.

En la pintura de la que estamos hablando vemos unas ramas de almendros en plena floración, recortadas sobre un cielo azul. Este original punto de vista, en el que se aprecia la influencia de los grabados japoneses, nos muestra el árbol como lo veríamos si estuviéramos tumbados en el suelo, relajados y despreocupados. Una imagen en la que no vemos el paisaje ni el  tronco, sólo ramas y flores sobre fondo azul.

El estilo habitual de Vincent Van Gogh se recrea en el uso de amarillos, verdes vivos o azules intensos como podemos ver en algunas de sus obras más famosas como Terraza de café por la noche, Lirios, Los girasoles o La noche estrellada. Por eso mismo esta  pintura en la que se deja llevar por la suavidad de los tonos pasteles o la amabilidad de una composición tierna nos resulta tan original.

Vincent tuvo cinco hermanos, pero fue con Theo con el que mantuvo una relación fraternal genuina e intensa. De hecho, gracias al apoyo económico y anímico de éste, consigió dedicar su corta vida a pintar sin tener que preocuparse por cuestiones domésticas. En este contexto familiar ocurrió el nacimiento del primer hijo de  Theo y, por lo tanto, sobrino de Vincent,  a quien dedicó  Almendros en flor (1890): un original canto a la vida, una singular metáfora de los principios prometedores  y por todo ello una obra muy diferente al resto de su creación.

Los colores blancos, rosas pálidos, azules suaves inspiran alegría, optimismo y permiten al pintor componer una escena ajena a la turbulenta vida que conocemos de Van Gogh, pero quién sabe si acorde a la alegría que le supuso conocer la noticia del nacimiento de su querido sobrino. Van Gogh usó el tema de la primavera, una original perspectiva y el inusual colorido para simbolizar el nacimiento de una nueva vida. El recién nacido fue bautizado Vincent Willem y a él se refiere Theo en una carta a su hermano pintor :“…deseo que pueda ser tan determinado y valiente como tú”.

Vincent no llegó a verle crecer a su sobrino ya que acabó con su vida meses después de que este naciera, sin embargo, sabemos que  el hermoso lienzo  permaneció en el cabecero de la cama del pequeño y se convirtió en su compañía cotidiana durante muchos años. Es seguro que el pintor meció los  sueños de aquel niño que,  mirando al cielo a través de esas ramas, pudo volar hasta aquella mañana en la que los pinceles consiguieron captar la ternura de unos almendros en flor.