Ésta que vemos en portada es una obra de Fernando Zóbel,  fácilmente reconocible por sus  colores y formas suaves. Nuestro autor ha sido, y sigue siendo, un referente en la historia de la pintura española del último siglo. Una figura imprescindible si hablamos de pintura abstracta, no sólo porque como artista exploró diversas técnicas e influencias, para mostrarnos una obra personal y original, sino porque, como mecenas, nos dejó un legado material y un conocimiento de las vanguardias españolas que de otro modo sería muy disperso. Reconocemos en su estilo una forma de pintar aparentemente simple, poco complicada, pero,…sigue leyendo y vamos a descubrir juntos,  que detrás de esa “sencillez”  hay una pintura muy elaborada, fruto de una lógica evolución que se inicia en la pintura figurativa.

Zóbel, nació en Manila (Filipinas) en 1924, en el seno de una rica familia de emigrantes españoles. Gracias a su vida acomodada y antes de encontrar su vocación pictórica, tuvo la oportunidad de viajar por Europa y EEUU, donde absorbió multitud de influencias artísticas. También estudió Filosofía y Letras en la universidad de Harvard y es esta vertiente intelectual del pintor una de las claves que no debemos perder de vista para entender su obra.

Aunque siempre había mostrado interés por la pintura, parece ser que fue una lesión de espalda, cuando tenía 18 años, que le obligó a guardar reposo durante un tiempo, el acontecimiento que precipitó su vocación.

Las estancias en la universidad americana y  las posteriores visitas a EEUU lo pondrán en contacto con las vanguardias de finales de los años 40 y 50, como el expresionismo abstracto y con las obras de Rothko o Mark Tobey. En esa época ya viajaba a España con cierta regularidad y comenzó a coleccionar obras de pintores locales  como Saura, Gustavo Torner o Gerardo Rueda,  entre otros,  hasta que en 1961 se instaló definitivamente en Cuenca donde, finalmente, en 1966, inauguraría lo que hoy conocemos como Museo de Arte Abstracto Español.

Almanzor II, 1964. Óleo sobre lienzo.

Pero aparte de ser mecenas, coleccionista y cofundador del citado Museo, no debemos olvidar la parte creativa de Fernando Zóbel. Estamos ante un pintor abstracto, pero alejado del expresionismo abstracto que conoció en EEUU, ya que en él encontramos formas y colores más sutiles. Un cromatismo amplio, con formas y trazos  suaves, lo alejan de esta escuela para crear un estilo mucho más personal.

La Visión

Rothko y las suaves gamas cromáticas usadas en sus cuadros, la escritura blanca de Mark Tobey y la caligrafía oriental se ven reflejadas en las diferentes etapas pictóricas de nuestro artista. Etapas que van desde unos inicios figurativos centrados en el folklore de su tierra natal, hasta la abstracción con más o menos color presente en su obra desde finales de los años 50.

Cuando observamos una pintura de Zóbel vemos una obra simple y sencilla, capaz de embelesarnos desde el primer momento, pero cuando somos capaces de mirar más allá de esa sencillez, no podemos dejar de admirar una ejecución perfecta, casi milimétricamente preparada pese a su aparente improvisación. De hecho, en algunos de sus cuadros se puede apreciar, bajo las tenues capas de pintura, las cuadrículas que servían de preparación para cada movimiento del pincel, para cada color.

Museo ubicado en las Casas Colgadas.

Desde sus primeros viajes a España se había dejado cautivar por la singularidad de Cuenca y es en esta ciudad, en las Casas Colgadas, donde pone en marcha el Museo de Arte Abstracto Español, en 1966. Gran parte de las obras  de artistas españoles que coleccionó a lo largo de los años y, por supuesto, la suya propia se exhiben hoy en el Museo.

Museo de Arte Abstracto Español

Fernando Zóbel falleció de un infarto en 1984, pero nos queda todo un legado en la defensa del arte abstracto.

*Fotografías de fernandozobel.es