Cuando Sorolla pintó Paseo a orillas del mar corría el año 1909. Tenía 46 años, fama y reconocimiento mundial.

El estilo del pintor se había ido definiendo a lo largo de los años después de caminar por el academicismo y las normas pictóricas de finales del XIX llenas de crítica social y contenido político. Como era de esperar, la manera de pintar de Sorolla, esa que le dio fama mundial, chocó con las corrientes artísticas vigentes en España y por ello se le criticó, porque no era un pintor “intelectual” ni usaba la pintura para crear conciencia política.

Jardines de la Alhambra (1909) Sorolla

A pesar de todo, nuestro protagonista luchaba por crear un estilo propio. En esa búsqueda había pasado por París e Italia y poco a poco fue mostrando unos cuadros más originales, con características muy personales y reconocibles. El pintor valenciano prefería mostrar un arte innato, con temas mundanos, pura expresión de lo más cercano. Como dejó dicho su amigo, el escritor Blasco Ibáñez, “lo suyo no es pintar, sino robar el color a la naturaleza”.

Como su estilo artístico no seguía las modas nacionales tuvo que esperar a encontrar el aplauso unánime en el extranjero para que en España se comenzase a respetar su manera de pintar. Y esto no tardó en llegar: en 1900  recibe el Gran Premio de la Exposición Universal de París y es galardonado con diversas condecoraciones que dieron paso a reconocimientos y exposiciones en el resto de Europa y EEUU, a lo largo de la primera década del siglo.

Después del baño (1916) Sorolla

Pero, volvamos al principio, al Paseo a orillas del mar (1909). Aunque el artista vivía en Madrid, siempre solía volver a veranear a Valencia.  Y en ese verano, como tantas veces hizo, volvió a llevar su caballete y sus lienzos a la arena y compuso este cuadro, la obra maestra a la que nos referimos y en la que retrata a su esposa Clotilde y su hija mayor, María, en la playa de la Malvarrossa. No hace falta ser un experto para descubrir que en esta manera de pintar hay algo fuera de lo común: un suave movimiento de los tejidos transmitido por la brisa marina, una luz extraordinaria y unos colores “robados a la naturaleza”.

María pintando en El Pardo (1907) Sorolla

En este lienzo y en muchos de los más de 2000 catalogados de Sorolla, se puede apreciar también el interés que tenía por captar el movimiento. Así veía él la realidad  y le gustaba pintar deprisa para intentar captar lo fugaz, aquello que se difumina rápidamente en el aire. Por todo esto no es de extrañar que expresiones artísticas tan relacionadas con “atrapar escenas” como la fotografía y el cine interesaran desde joven al pintor; todo ello en un momento en el que estas artes comenzaban a cobrar importancia.

Clotilde con vestido de noche (1910) Sorolla

Si hoy nos acercamos al Museo Sorolla de Madrid, por cierto, el tercero más visitado de la capital, encontraremos este Paseo a orillas del mar, colgado en la pared de su estudio, rodeado de sus pinceles y caballetes, junto a otros de sus cuadros. Ahí podemos seguir contemplando estas dos mujeres eternas, tal y como las captó el pintor en un paseo veraniego de hace un siglo.