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Muchas veces guardamos cosas a las que no pensamos dar otra utilidad que la que comúnmente conocemos, pero hoy vamos a sacar de las cajas de recuerdos las postales de navidad y las vamos a enmarcar. A estas alturas del siglo XXI estamos perdiendo la costumbre de enviar felicitaciones navideñas en papel, porque hoy lo hacemos más fácilmente por medio del correo electrónico o teléfono. Sin embargo, aquellas postales que tanta ilusión hacía recibir, lejos de caer en el olvido, pueden reaparece para ser pequeños detalles cargados de recuerdos.

Las primeras tarjetas navideñas se enviaron en las navidades de1843 y eran  pequeños grabados coloreados a mano por el artista inglés John Calcott Horsley. Aquella novedad se generalizó rápidamente y traspasó las fronteras de Inglaterra extendiéndose por todo el mundo.  Con el paso del tiempo las postales han dejado de tener la calidad de antaño, pero aún es posible encontrar algunas que mantienen el valor artístico y muchas otras, desde luego, el valor sentimental.

Si las enmarcamos solas pueden dar un toque original a ese rincón de la casa donde el espacio no es excesivo, pero sí merece un detalle especial. Acorde con la gama cromática y estilo de la estancia, la enmarcación puede realzar estas pequeñas joyas de las artes gráficas y la ilustración. En grupo, formarán un conjunto de pequeños detalles con entidad propia   que podemos potenciar realzando el motivo e individualizando cada imagen con la moldura que mejor se adapte a ella u homogeneizar el conjunto, unificándolo con el mismo acabado.