Hoy es 17 de enero, festividad de San Antón, patrón de los animales. La excusa nos sirve  para poner marco a esta entrada y recordar cómo el arte ha reflejado esta eterna unión, que siempre debería ser amistosa, con los perros.

Pinturas de Tassili n´Ajjer (Argelia)

Estos animales se asocian con las cualidades más hermosas: fidelidad, lealtad … pero nuestra relación con estos seres peludos, se remonta a miles de años y, por lo tanto, siempre hemos tenido la necesidad de representarlos.   El Homo Sapiens, allá por el Paleolítico Superior, ya los plasmó en pinturas rupestres como animal de tiro o compañero de caza. De esta época lejana quedan varios ejemplos  como la de la Cueva de los Perros (Extremadura) o las de Tassali n’Ajjer (Argelia), que forman parte del Patrimonio de la Humanidad. 

 

 

Clara advertencia, “cuidado con el perro”

Desde entonces, no ha habido civilización que no haya estado unida a ellos: Mesopotamia, Egipto, los celtas… En la Antigua Grecia, además de seguir con su labor de cazador, se generalizó su uso como animal doméstico y como fiel compañero de juego de los más pequeños de la casa. Durante el Imperio Romano tampoco fueron ajenos a las cualidades innatas de estos animales y, ya afianzados dentro de las viviendas, avisaban “Cuidado con el perro” (Cave Canem). Pero la relación perro-amo fue más allá e incluso llegaron a acompañar a las legiones en sus campañas de guerra.  

En pintura, sus representaciones son incontables. El flamenco Van Eyck lo sitúa, con asombroso detalle, a los pies del Matrimonio Arnolfini como símbolo de fidelidad y amor terrenal entre los esposos. Este cuadro, colgado hasta 1813 en el Palacio Real de Madrid, sirvió como inspiración a una de las grandes obras maestras de la pintura: Las Meninas.

Las Meninas, D. Velázquez (1656)

Velázquez introduce en la escena un mastín, un perro de gran tamaño dedicado al pastoreo y a la guarda. Lejos de aparecer en actitud amenazante utilizando su fuerza, el animal nos muestra su lado más tranquilo permitiendo que el bufón, Nicolaso Pertusato, le incordie dándole patadas en el lomo. ¿Qué quería conseguir el pintor introduciendo un perro en la escena? No es un personaje más en la compleja composición, sino que la intención de Velázquez era ennoblecer el arte de la pintura y ¿quién mejor que un perro para representar eso? 

Goya recurrió a este animal en varias de sus obras, pero aquí  vamos a mencionar una de ellas, Perro semihundido. Lo característico de este fresco es que, pese a pertenecer a las Pinturas negras, aquí el perro parece ser el más humano de los personajes que se desplegaban por La Quinta del Sordo, llena de brujas, demonios y oscuridad. La cabeza del can asoma tras una fuerte diagonal, observando con tranquilidad algo que nosotros no vemos.  

Cartel de la película

Desde luego que si la pintura ha recurrido a estas bellas criaturas en numerosas ocasiones, el resto de las artes tampoco les han dado la espalda y con nombre propio, todos recordamos a Laika, la perra astronauta a la que Mecano dedicó una canción o Martha my dear de The Beatles, donde Martha no era la novia de Paul McCartney, sino un amoroso pastor inglés.  El séptimo arte también ha tenido grandes estrellas de cuatro patas como Lassie, Rin Tin Tin y nos ha deleitado con historias reales como la de Hachiko (Siempre a tu lado, de 2009) que sigue esperando a su amo en la estación de tren, ahora ya en forma de escultura. Otra vez el arte homenajeando la gran fidelidad de nuestros mejores amigos.

Si tienes un perro has entendido mejor que nadie porqué el arte ha estado y sigue estando tan cerca de ellos. Tú mismo lo habrás fotografiado o pintado cientos de veces. Incluso estará enmarcado en algún cuadro de casa, ¿a que sí?