No es nuestra intención hacer aquí un recopilatorio de las mejores obras pictóricas relacionadas con la Navidad, para ello, os recomendamos este sitio del Museo del Prado. Nosotros sólo vamos a repasar alguna de nuestras favoritas.

 

Dali surrealista y tarjetas navideñas

Es un hecho fácilmente constatable que las vanguardias del S.XX no han sido muy prolíficas en temas religiosos y resulta difícil encontrar pinturas de este periodo que representen Nacimientos o Adoraciones de los Reyes Magos, aunque sí hay algunos ejemplos como el del muralista mexicano Diego Rivera o el de Salvador Dalí.

Hablemos de éste último. El espíritu navideño inundó a Dalí, siempre atento a  la parte más crematística del arte, cuando la empresa de tarjetas de felicitación Hallmark le presentó un cheque en blanco para que  hiciera unos diseños destinados a celebrar la Navidad. Una vez cobrado el suculento adelanto se  tomó su tiempo, pero finalmente pintó diez tarjetas. ¿Qué ocurrió? Que el público estadounidense de los años 50 no estaba preparado para  que las imágenes de la Sagrada Familia, Reyes Magos o árboles con espumillón y bonitos adornos, tradicionales en su estilo, se representasen bajo el prisma del surrealismo más puro. El de Figueras, con su transgresor estilo onírico y psicodélico, sobrepasó las intenciones de Hallmark y las tarjetas dalinianas  fueron un fracaso comercial. De hecho, sólo dos llegaron a editarse. Quizás las vanguardias no hacen buena pareja con estas fechas.

Reyes Magos, una de las tarjetas navideñas pintadas por Dalí. 

 

Navidad más tradicional

Vamos a destacar dos obras, cada una en su época, fuera de lo habitual. La primera de ellas es la denominada Natividad o Recién nacido del pintor barroco Georges de La Tour.  Hay discusión sobre la posible entidad religiosa del lienzo o si pudiera ser meramente una escena cotidiana, porque no está clara cual fue la intencionalidad del autor. Esta obra de 1648, destaca por su colorido uniforme en tonos ocres y pardos, pero toda su fuerza se focaliza en las zonas centrales, iluminadas por una vela que potencia el ropaje rojizo de la mujer y la figura del recién nacido.

 Recién nacido- (Georges de La Tour)

Escena de nacimiento pintada por de La Tour en 1648

Llama la atención la representación del bebé totalmente vendado, costumbre habitual en la época, pero también la soledad y sobriedad de la escena, ambas características muy  representativas de La Tour.

Natividad Mística (Boticelli)

 

 

Totalmente distinta es la Natividad mística de Boticelli (1501), obra de gran formato, llena de color, muy teatral donde los personajes se despliegan por todo el escenario pictórico. No faltan ángeles que bailan, una Virgen que destaca en tamaño si la comparamos con el resto de personajes y un San José con una postura poco usual. Se ha especulado si esta obra pintada en los albores de un nuevo siglo y en un entorno político y social vibrante no tendría una lectura moralizante y crítica con las costumbres y la política de la época.

Parecía solamente una Virgen con San José y el Niño, pero quizás haya más lecturas aparte de la meramente religiosa

Y con Reyes Magos,

Benozzo Gozzoli

Detalle Capilla de los Reyes Magos (Palacio Medici Riccardi)

Como en este ejemplo que ocupa tres paredes del Oratorio del Palacio de los Medici en Florencia  (Benozzo Gozzoli-1459). Narra la Adoración de los Reyes Magos con generosidad de color y grandiosidad estética, mostrándonos toda la escena de la Adoración. El pintor aprovecha para introducir el paisaje en la composición y retratar personajes protagonistas del Concilio de Reunificación de la iglesia católica y ortodoxa, celebrado en la ciudad unos años atrás (1439). Gozzoli plasmó en los personajes de la escena retratos de la familia Medici Riccardi, promotores de la obra, de los protagonistas del Concilio y, ya puestos en faena, a él mismo.

 

 

                                                         Adoración de los pastores (Rembrandt) 1646

 

Y pastores

Dos siglos más tarde y con una estética diferente, propia de barroco, Rembrandt pintó esta Adoración de los Pastores.

Su autor supo manejar como nadie la luz y aquí lo demuestra con maestría para centrar la escena en la Virgen y el Niño. Un potente foco luminoso, gracias al cual consigue potenciar el misticismo de la escena, acentuado por la penumbra que envuelve al resto de los personajes.

La Historia del Arte nos deja ejemplos brillantes de grandes autores que han plasmado con su genialidad escenas navideñas. La forma de representar estas escenas bíblicas ha evolucionado, dejando atrás la espiritualidad iconográfica de Rembrant y abriéndose paso la comercial y popular de las felicitaciones navideñas.