¿Os suena esta fotografía? Una madre con un bebé en brazos y dos niños que ocultan su rostro. Seguro que sí, porque ha sido reproducida hasta el infinito, como la representación más dura de la crisis económica que siguió al crack del 29, en EEUU. Tanto es así que se ha convertido en una de las imágenes más solicitadas en la Biblioteca del Congreso de EEUU, lugar donde se guarda. Aunque su título real es “Recolectores indigentes. Madre de siete hijos. Edad, 32. Nipomo, California”, es mucho más conocida como “Madre migrante”. La fotografía de la que hablamos ilustra la portada de este post, otras de la misma serie las hemos incluido a lo largo del texto.

Una de las imágenes captadas por D. Lange.

Hagamos un poco de historia. Sabemos que la década de los 30 fue un momento de crisis económica en EEUU, muy agravada por desastres ecológicos, sequías y terribles ventiscas de polvo y arena que arruinaron la agricultura. Imaginemos el desastre social que esto supuso: familias depauperadas moviéndose por el país en busca trabajo y algo que llevarse a la boca. En esta coyuntura, el Gobierno de Roosevelt pidió a un grupo de fotógrafos que documentaran la vida y circunstancias de estos agricultores. Recordemos que en aquella época ésta era la forma más rápida de dar respaldo gráfico a lo que estaba ocurriendo en la América rural. El objetivo inmediato no era otro que justificar las ayudas económicas, los préstamos o el envío urgente de comida.

Otra fotografía de la Madre migrante.

Entre este grupo de fotógrafos estaba Dorothea Lange. Ella, junto a otros compañeros, salió a las carreteras de California y comenzó a fotografiar la ruina económica y social. La autora contó, tal y como se recoge en la Biblioteca del Congreso de EEUU, que una tarde de marzo de 1936  “ví y me acerqué a una hambrienta y desesperada madre. No recuerdo cómo le expliqué mi presencia allí, con mi cámara…, recuerdo que no me hizo preguntas. Yo no le pregunté su nombre o su historia. Me dijo su edad, tenía 32. Acababa de vender las ruedas del coche para comprar comida. Posó en su tienda con sus hijos acurrucados alrededor y pareció entender que mis fotografías podrían ayudarle, al mismo tiempo que me ayudaba a mí”.

Dorothea Lange (1895-1965), autora de la famosa fotografía.

La fotografía se publicó en el San Francisco News y a los pocos días el campo de trabajadores recibió un cargamento de comida enviado por el Gobierno Federal. Este fue un efecto inmediato, pero tuvo otro, imprevisible para todos los protagonistas de esta historia: la imagen cobró vida propia, se fue convirtiendo en la fotografía resumen de la Gran depresión y en el símbolo de toda una parte de la historia de los EEUU.

Hoy sabemos que la  madre migrante se llamaba Florence Owens Thompson, era  cheroqui y vivió una vida que hoy nos parece una auténtica aventura. Vivió su infancia con su madre, sin la presencia del padre que las abandonó cuando ella nació. En el momento de la famosa fotografía (1936) tenía 32 años y siete hijos; ya había enviudado de su primer marido, había sido abandonada por el segundo poco antes de que naciera su sexto hijo y en aquel mes de marzo viajaba de un Estado a otro en busca de mejor fortuna con el padre de su séptimo hijo. Aún habría de casarse por cuarta vez y tener tres hijos más, pero esto ocurrió años más tarde.

Volvamos a marzo del 36. La familia viajaba por California buscando algún trabajo cuando, casualmente, encontró un asentamiento de agricultores y allí se quedó Florence, con sus hijos pequeños, esperando a su marido que buscaba en un pueblo cercano alguien que le arreglara el coche. Años después uno de sus hijos diría: ”en absoluto vendimos los neumáticos, no digo que la fotógrafa mintiera deliberadamente pero puede que mezcle historias”.
Las versiones de una y otra se enredan en contradicciones, aunque esto se supo mucho tiempo después, porque la madre migrante fue una rostro anónimo hasta que, en 1978, un reportero local siguió su pista y consiguió localizarla  en la pequeña ciudad californiana de Modesto. Florence, que ya tenía 75 años cuando fue redescubierta, se sentía dolida porque nunca obtuvo ningún beneficio ni reconocimiento por aquella imagen que conmovió al mundo. “Preferiría que Dorothea Lange nunca me hubiera fotografiado, …no gané un centavo con ello, no me preguntó mi nombre, dijo que las fotos no se publicarían, que me mandaría una copia y nunca lo hizo”.

Mientras la mujer migrante pervivía como un bello rostro desconocido, icono histórico y representación de la extrema pobreza, la autora de la fotografía recibía las glorias del reconocimiento profesional y se convertía en una influyente fotoperiodista. Dorothea Lange falleció en 1965  con 70 años, sin tener la oportunidad de reencontrarse con la mujer gracias a la cual obtuvo fama mundial. Por su parte, Florence falleció con 80 años, en 1983.

La imagen ha sobrevivido a todas las polémicas: a debates éticos sobre la utilización, sin su consentimiento, de personas reales como iconos involuntarios, a las quejas amargas de la “madre migrante” y a la consagración profesional , justificada o no, de la autora. A veces, una imagen tiene tanto poder que trasciende la voluntad de sus protagonistas.

¿Qué os ha parecido la historia? ¿Se debería haber hecho justicia con la madre fotografiada?