A estas alturas del verano somos muchos los que ya hemos terminado nuestras vacaciones.

Bordado vietnamita.

Así que, de ese tiempo de asueto, de los lugares que visitamos y las personas que conocimos nos quedan los recuerdos: no sólo los que mantenemos grabados en nuestra memoria sino también aquellos que nos traemos en la maleta.

Aunque nuestro cerebro guarde gran parte de esa huella, solemos acarrear cosas que nos ayudan a evocar esa ciudad que nos cautivó, la cala en la que vimos el atardecer más especial de nuestra vida o el artista que nos tocó el alma con sus cuadros. De vuelta a nuestra vida ordinaria, fuera de ese entorno veraniego que ha sido nuestro durante algunos días, nos quedan los objetos que hemos traído en la maleta y que finalmente acabaremos colocando en nuestra casa.

En lo que a nosotros nos interesa y ya que aquí solemos hablar de cuadros y enmarcaciones, vamos a hacer un pequeño repaso de esos souvenirs vacacionales a los que habitualmente ponemos marco.

Acuarela africana

Acuarela africana

Existen imágenes muy icónicas de muchas ciudades turísticas. Por poner un ejemplo, muchas veces enmarcado, Nueva York o La Habana han sido fotografiados y pintados hasta el infinito. Si has estado de vacaciones en la capital cubana tendrás algún óleo que representa con un alegre colorido, sus características calles, con antiguos edificios y coches que superan el medio siglo de vida. Pinturas que representan el especial atractivo de esta ciudad.

Lo mismo ocurre con Nueva York. De allí nos traemos fotografías o dibujos que captan a la perfección el bullicio y la modernidad de la urbe que nunca duerme.

 

Sin abandonar las artes plásticas, y volviendo de nuevo a Europa, vamos a destacar las acuarelas con suaves colores y grabados sepia que añadimos a nuestro equipaje después de la visita a ciudades  europeas:  así, las plazas de París, los puentes de Praga, la noria de Londres, los tranvías amarillos de Lisboa o la espectacular arquitectura de Roma adornan las paredes de muchas de nuestros hogares.

Velero b/n

Puede ocurrir que nuestro destino veraniego sea más propicio a otro tipo de souvenirs, pero igualmente irremediables. Así, nadie que haya sido turista en Egipto habrá podido evitar volver a casa con algún que otro papiro con representaciones del árbol de la vida, dioses o jeroglíficos. Y, si visitamos México, es más que seguro que traeremos un calendario maya o representaciones de la flora y fauna típica pintados sobre una corteza, con sus característicos verdes, rojos y azules y sus formas ligeramente naif.

Dibujo chino

Quizás nuestro viaje nos ha llevado hacia oriente y allí encontraremos sedas chinas o hindúes primorosamente pintadas, artesanías en papel de arroz con sus característicos ideogramas, telas bordadas que nos enseñan inmensos campos de arroz o papeles recortados en los que podemos reconocer escenas sumamente complejas. Todos estos trabajos artesanales son candidatos también a adornar nuestras paredes.

 

Y todo esto que los turistas acabamos trayendo de nuestros destinos vacacionales terminamos enmarcándolo, porque nos gusta recordar el lugar que visitamos, en el que pasamos momentos agradables y donde aprendimos que en cada lugar del mundo hay algo que nos parece tan original como para acabar ocupando un lugar importante en nuestra casa.