Hace apenas unas horas hemos podido disfrutar de un cielo poco habitual, con una Luna llena inmensa, plena de luz y espectacular. Y es que este fenómeno al que llamamos superluna se produce porque el satélite está unos 26500 kms. más cerca de la Tierra, como consecuencia del efecto que produce la órbita elíptica de aquel. Vamos a aprovechar que se nos ha acercado un poco más para hablar de ella, de ella y de cómo  la han visto los grandes artistas.

 

La visión de la luna nos atrae inevitablemente

por eso no es de extrañar que la historia de la pintura haya reflejado en incontables ocasiones cielos limpios o noches tormentosas llenas de movimiento, siempre con lunas blancas,  o abstracciones “lunáticas”.

Los paisajes no siempre han sido protagonistas con entidad propia en las representaciones pictóricas, ya que en la pintura occidental fueron las obras religiosas en el S. XIII las que introdujeron, con realismo, el entorno natural. Y, sin embargo, mucho tiempo antes de esto la Luna ya andaba por ahí dibujada, como un elemento principal de las pinturas de los hombres del Paleolítico, por ejemplo en Tassili n´Ajjer (Argelia) . Así dejaron constancia de ello.

No se puede negar la influencia de la Luna en nuestra evolución como especie: es de sobra conocida el efecto en los ciclos de la vida o en las mareas, pero también contribuye a embrujarnos y aumentar nuestra capacidad de fantasear. Nos gusta este dibujo en blanco y negro tan realista y cómico al mismo tiempo, que hemos visto reproducida muchas veces. Corresponde a la película de los hermanos Méliès, Viaje a la luna.

Película de los hermanos Méliès (1902)

Viaje a la luna (1902)

La historia más reciente de la pintura

nos ha dejado otras representaciones del satélite de la Tierra. Nos parece emblemática la obra de Van Gogh, titulada, La noche estrellada (1889) donde el astro adquiere un singular protagonismo quizás similar al que hemos podido ver hace unas horas en la superluna que brillaba en nuestro cielo.

Vista de Londres (1900-1904). Claude Monet

Pocos años después, Monet en una serie de óleos sobre Londres representa la Luna sobre el Támesis: aparece envuelta en un halo nebuloso respondiendo al más puro estilo del autor, tan preocupado por la expresión de la luz y su efecto sobre los colores de la naturaleza. Así vemos en esta obra cómo la luz del astro inunda toda la escena matizada por una niebla claramente londinense.

A medio camino entre la abstracción  y el expresionismo queremos destacar  la obra de Paul Klee y no pocos de sus óleos en los que la Luna adquiere gran importancia. Resaltamos aquí el titulado Luz de luna (1919), en el que resulta muy clara la influencia que dejó su viaje a Túnez, tanto en las representaciones arquitectónicas, como en la paleta de colores, a veces en la misma gama, a veces opuestos, que el pintor combinaba con distintas formas geométricas. Y, por encima de todo, el satélite de la Tierra aparece muy resaltado cromáticamente.

Luz de luna. Paul Klee (1919)

La Luna siempre ha estado en nuestro cielo y desde hace mucho tiempo también en nuestro arte: aquí hemos hablado de la pintura, pero también ha sido protagonista de otras representaciones artísticas como la fotografía, la literatura, la música, el cine…

La superluna que hemos visto hoy seguramente quedará reflejada en una obra de arte que ahora mismo está fabricándose o está por hacer.